jueves, 17 de julio de 2008

'Antología poética', Viola Fischerová

Viola Fischerová escribe unos versos en que el yo poético se siente aprisionado por el tiempo y sus efectos: la vejez y la muerte. Esta antología (editada por Ediciones Bassarai) se abre con unos “poemas fúnebres” a su marido, recién fallecido. En ellos hay un intento de entender la muerte, siendo consciente de la situación de desconcierto en que queda el ser querido que vela las últimas imágenes del esposo. La vejez se presenta como antesala a ese inevitable final: ancianos que saben que se encuentran en el crepúsculo de sus vidas y que apartan la mirada ante el espejo.

El yo poético es, igualmente, consciente de su destino, sabe que le queda poco tiempo, pero no puede hacer nada más que aguardar. Divaga en el tiempo, teme el futuro y recuerda el pasado, la niñez, pero esas divagaciones no la desencajan de un camino directo a la no existencia o, dicho de otro modo, a la existencia del más allá.

El casi macabro espectáculo que la naturaleza da a los ancianos, mientras ellos permanecen sentados en los bancos de los parques temiendo perder la felicidad, ven cómo niños y adolescentes corren, inocentes, jugando y bañándose en el río, rodeados del verdor de la hierba y de los árboles. Los ancianos miran con ternura y a la vez pesar, esa imagen de infancia, que ya pasó para ellos y que ya no van a poder alcanzar de nuevo.

Podemos encontrar poemas de gran fuerza evocativa, con imágenes desgarradoras y duras, pero a la vez humildes y contenidas. No es un poemario donde destaque la forma, la retórica, sino que son unos versos sencillos que quieren configurar imágenes y angustias. Esas imágenes son abrumadoras, mujeres ancianas que lamentan no haber aprovechado suficientemente el tiempo y saben que el suelo que pisan es el lugar donde van a parar tarde o temprano, niños atormentados que se sienten más cercanos a la muerte que a la vida, hombres que no prestan atención a sus mujeres hasta el momento en que se dan cuenta que ya no están…

Hay una cierta tendencia elitista, no sólo en poesía, sino también en prosa, a obviar los signos de puntuación. Dar rienda suelta a la creación, sin atender a las necesidades de una lectura pausada que, desde luego, requiere la poesía. Los poemas de Viola Fischerová prescinden del todo de la puntuación; es el lector el que debe marcar las pausas, cosa que uno no acaba de entender el motivo de este proceder.

En cualquier caso, no podemos discutir que Viola Fischerová es una excelente poeta. Solo hace falta detenerse en algunos de los poemas que hay en esta antología para darse cuenta de la capacidad evocativa de la autora. Nadie que lea este poemario se quedará indiferente, porque las sensaciones que están encerradas en los versos, son las inquietudes que todos hemos tenido alguna vez en la vida o que acabaremos teniendo cuando estemos marcados por los signos del tiempo y vayamos solos a nuestro crepúsculo existencial. Dijo alguien alguna vez que las personas morimos siempre solas, aunque alrededor haya gente que observe cómo la llama va poco a poco consumiéndose. Vale la pena adentrarse en la lectura de este poemario para degustar la fuerza de Viola Fischerová.

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